JUNTOS SOMOS MÁS

  



Hace tiempo, había un pueblecito en lo alto de las montañas, bastante alejado de los demás. Era un bonito pueblo con sus casitas, la mayoría juntas, su plaza y su iglesia. No había más de un ciento de personas, y, todos se conocían.

El alcalde era una buena persona y muy bonachón, al que todos adoraban.
Gracias a él había un cine y un casino, donde los ancianos pasaban sus tardes libres.
El casino era grande y acogedor y podían jugar a las cartas, al parchís y a un montón de
juegos más.

Un día que estaban todos jugando a las cartas, entró el alcalde con gesto serio y los adorables ancianos empezaron a gastarle bromas. El alcalde estuvo un rato con ellos y después se marchó apesadumbrado.

Cuando la gente iba al casino, se empezaban a dar cuenta de que estaba más sucio y que atendían peor y que en el cine las películas tenían peor calidad y algunas hasta en blanco y negro.

Una mañana de Diciembre, el alcalde colgó un cartel en el que mandaba cerrar el
cine y el casino y todos fueron a pedirle explicaciones.
El alcalde argumentó que tenía que hacer recortes, que no llegaba el dinero.
Los niños empezaron a quejarse, y todos los demás les siguieron:
-¿Dónde vamos a pasar nosotros las frías tardes de invierno?- Protestaban los ancianos.
-¿A dónde vamos a ir nosotros cuando nos aburramos?- Exclamaban los niños.
Al final, todos se marcharon a sus casas y el alcalde volvió a entrar en su vivienda pensativo.

En una casa del pueblo, vivía Francisco. Tenía una gran casa, con un enorme merendero en la planta alta.
Cuando Francisco llegó a su casa, vio que había recibido una carta del banco. Al abrirla a poco se desmaya. En ella decía que aunque tenía acciones preferentes, no podía sacarlas hasta 2015 y no tenía dinero suficiente para pagar la hipoteca. Creyendo que se trataba de un malentendido, fue a la capital para hablar con el banco.

Margarita fue al día siguiente al ambulatorio para hacerse una revisión. Nada más llegar le dijeron que próximamente, igual tenía que ir a la capital para las revisiones y el pago de medicamentos.

Ese mismo día, el alcalde preparó una reunión a la que convocó a los habitantes del pueblo. Les dijo que las cosas estaban chungas y que tenía que vender el casino y el cine, que estaban en el mismo edificio, para poder pagar el ambulatorio y para que no tuviesen que ir a la capital a por medicamentos.
Después de la reunión, Francisco que había vuelto de la capital, tras comprobar que lo que decía en la carta era cierto, fue a hablar con el alcalde.
Le contó su situación y el alcalde le escuchó con tristeza.
Al terminar su relato, propuso que se montase, con los muebles del casino, otro en el merendero de su casa, y que en vez de cine, se contasen historias o se jugase a juegos antiguos.
Al alcalde le pareció buena idea y decidieron ponerla en marcha.

El alcalde, al comprobar que no había pedido nada a cambio, decidió compensarle:
- Cómo se trata de su casa y tiene que pagar la hipoteca, lo que recaudemos, el 50% será para usted y el otro 50%, para el ayuntamiento.
Francisco estuvo de acuerdo, ¡que más podía pedir!.

Antes de irse, Francisco le dijo:
-Podemos abrir el casino por Navidad. Sería un buen regalo.
El alcalde lo vio marchar y sonrió. Acababan de matar dos pájaros de un tiro.
El día antes de Navidad, los vecinos se encontraron con que el nuevo casino se abriría esa misma tarde en la casa de Francisco.
Esa noche estuvieron hasta muy tarde jugando, bailando y riendo.
Entonces alguien propuso un brindis por el alcalde y por el buen pueblo que formaban todos juntos.

                                                 

                                                 


                                                        FIN               

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